¿Sabíais que el enfado puede mejorar la relación de pareja?

Según Gottman, no expresar el enfado conduce al distanciamiento emocional.

El enfado es una auténtica fuente de crecimiento, es UNA EMOCIÓN POSITIVA, pues experimentamos el enfado en el mismo hemisferio cerebral izquierdo que sentimientos de placer y de interés intenso, por tanto si se gestiona bien, aumenta la pasión en la pareja, constituye un estímulo para relacionarnos con los demás, actuar e implicarnos. Si se reprime el enfado, se está aumentando la distancia emocional, la apatía, además de generar el desconocimiento del otro.

Cuando hay un aspecto de la pareja, o alguna situación que nos genera enfado o irritabilidad, es mejor expresarlo. Pero de una manera clara y directa, sin ofender, atacar o culpabilizar al otro, pues si no, la consecuencia será que éste se ponga a la defensiva y contraataque. Si se está demasiado enfadado para hablar, se pospone la conversación, mejor esperar undiscusiones-de-pareja-crisis-problemas2 tiempo hasta que disminuya la intensidad del enfado, por ejemplo, se puede contar hasta 10, dar una vuelta o hacer algo distraído antes de empezar a hablar.

Por otro lado, la persona que recibe el mensaje, ha de escuchar atentamente a la persona enfadada, empatizando con ella, sin querer en principio darle soluciones. Puede hacerle preguntas como ¿estás enfadada/o? ¿qué es lo que te hace sentir así? e ir averiguando el origen principal de ese enfado, sin ponerse a la defensiva. De esta manera, consigue convertirse en su confidente y aliado.

Por último, quería señalar a las mujeres u hombres encantadoras/es, que no muestran enfado. Éstos/as a menudo se sienten frustrados e incomprendidos. Sienten que no se les respeta y están resentidos, en este caso con la pareja, ese resentimiento ahoga los sentimientos de aprecio, de afecto, de pasión y romanticismo y al final el enfado emerge en momentos inoportunos.

En conclusión, recomiendo no esconder el enfado y expresarlo, cuando se esté en condiciones de hacerlo, de una manera clara y sin culpabilizar al otro, y al mismo tiempo, el otro, recibirlo de manera empática convirtiéndose en su aliado.